Los comienzos de Punta del Diablo

Pesca en Punta del Diablo

La historia de Punta del Diablo comienza cuando en el año 1935 la familia de Laureano Rocha se muda a la zona. La familia vivía en Vuelta del Palmar, un pequeño campo cerca del pueblo de Castillos. Se mudaron a cerca de la costa oceánica para aliviar los ataques de asma de uno de sus diez hijos, siguiendo el consejo del médico. En la zona del Cerro, en la estancia de la familia Martínez que cedió su propiedad, construyeron un pequeño y precario rancho.

En esa época se llegaba al lugar en carros tirados por caballos, que con mucha dificultad atravesaban caminos de barro, hasta llegar a las enormes dunas del Cerro. Desde allí había que ir marcando el camino para llegar hasta la costa para poder volver, porque los vientos cambiaban constantemente la forma de la blanda arena.

Hacia 1942 se instalaron en la zona los primeros pescadores que venían desde Valizas, para dedicarse a la pesca de tiburón. El hígado de tiburón, rico en vitamina A, era exportado a los países aliados Durante la Segunda Guerra Mundial, porque sus pilotos precisaban grandes dosis de este nutriente para tener una buena visión.

Poblado Punta del DiabloLa zona de la bahía más chica de Punta del Diablo, hoy conocida como la Playa de los Pescadores, comenzó a poblarse de ranchos de pescadores. Estos arriesgados trabajadores tejían sus propias redes, lavaban y preparaban para la pesca para la venta, cuidaban sus pequeñas embarcaciones a remo y se internaban en el bravo océano sin ningún instrumento de orientación.

Otro cambio importante para la historia de Punta del Diablo ocurre en 1946, cuando terminada la guerra, los pescadores comienzan a salar el pescado para conservar la carne durante más tiempo. El pueblo aún no tenía acceso directo y el viaje hasta la ruta seguía siendo una travesía.

Preparaban tasajo de cazón y de tiburón en un largo proceso de secado, hoy conocido como el “bacalao criollo”. Requería salar con abundantes capas, prensar, lavar con agua dulce y por último exponer al sol. Por la misma época se comenzó a exportar aleta de tiburón a los países asiáticos, producto apreciado para el tratamiento contra el cáncer.

Los pobladores comenzaron ellos mismos a construir sus propias lanchas. Las “chalanas” eran pequeñas y bastante estrechas, sólo cuando llegaron los motores comenzaron a hacerlas más anchas. Se construyeron galpones más grandes y las casas de material comenzaron a reemplazar a los ranchos de paja.

En 1968, con la llegada de la luz eléctrica y la construcción del camino de acceso desde la ruta nacional, Punta del Diablo fue creciendo y con los años también llegaron los turistas, atraídos por la rusticidad del poblado que aún se conserva, por sus playas y su pródigo entorno natural.